Este post se refiere a las imágenes de la tragedia de Armero (Colombia), que dieron la vuelta al mundo en el año 85', y que el día de hoy por fin tuve el valor para buscar en internet.
La razón es simple: al leer el artículo que líneas abajo ha sido trascrito de un par de hojas escritas en máquina de escribir... no creí (ni me fue mencionado) que este se basara en un hecho real. Mucho menos que fuera posible encontrar videos de ello en youtube.
Me tomé un tiempo para reunir los videos y subirlos a mi propia cuenta.
¿Por qué? Pienso que me pueden servir para recordar (si alguna vez olvido) o sumar razones a la larga lista de por qué quiero ser comunicadora para el desarrollo.
Nunca más, Omayra
José Ignacio Cabrujas
Llevar hasta cada televisor de Venezuela o Dinamarca, la dolorosa imagen de Omayra, atrapada en el barro, exigió los siguientes pasos:
1) Transportar desde Bogotá hasta Armero: una cámara de televisión, diez rollos de video-tape de una pulgada, una máquina grabadora de video-tape, un equipo de luces de cuarzo con sus correspondientes pantalla reflejo, una consola de audio, un sonidista, un asistente del sonidista, un técnico electricista, dos periodistas, un productor de transmisión.
2) Transladar en dos vehículos apropiados, todo ese equipo y todo ese personal desde el pantano donde Omayra permanecía atrapada,
3) Ajustar minuciosamente mediante una barra de colores y un osciloscopio, el nivel de video de la cámara hasta conseguir un punto óptimo. 650 componentes de una cámara profesionarl deben funcionar a la perfección si se quiere obtener la imagen de Omayra que vimos en nuestros televisores. Uno de esos componentes requirió 22 años de paciente y abnegada investigación en laboratorios japoneses.
4) Comprobar, de acuerdo a sensibles indicadores, el nivel de audio. Una reciente estadística demostró que cada cien grabaciones realizadas en exteriores, 23 adolecen de defectos en el registro de audio. Armero es un exterior, y la voz de Omayra, sin embargo, llegó con perfecta nitidez a millones de televisores.
5) Comprobar así mismo, la fidelidad de líneas de imagen, en los cabezales de la grabadora de video-tape. Los inconvenientes más frecuentes suelen ser un exceso de contraste, inestabilidad de las líneas extremas, predominio de un color, saturación, irregularidad focal, nebulosidad por desajustes lumínicos. La figura de Omayra y el color del pantano que la devoraba, se ajustaron perfectamente a las normas de fidelidad.
6) Grabar la imagen y audio de la severa agonía de Omayra con acercamientos ópticos a su rostro. La creación de un zoom electrónico es el resultado de 12 años de empeño tecnológico al más alto nivel. Por eso, los ojos de Omayra, fueron siempre nítidos en la admirable imagen de la televisión colombiana.
7) Transportar los rollos de video-tape, con la imagen de Omayra, hasta una ciudad cercana, dotada de un costoso y complejo equipo de microondas.
8) Transmitir vía microondas, desde esa ciudad, hasta el Centro de Recepción de Bogotá. Una de las más abismales proezas científicas de nuestro tiempo, es la conversión de seiscientas y tantas líneas de video, en impulsos electrónicos capaces de ser interpretados y codificados en un centro de recepción. La celeridad con que llegó hasta nosotros el trance de Omayra permite aseverar que el proceso de microondas no tuvo el menor contratiempo.
9) Reproducir la imagen en una grabadora de video-tape, instalada en un ambiente seco y a la temperatura adecuada. El humo de cigarrillos, por ejemplo, es capaz de alterar y dañar delicadas funciones en una máquina grabadora. Pero, evidentemente, nadie fumó, nadie esparció polvo, nadie agregó humedad en las cercanías. De allí la impecable calidad final a la hora de recoger la figura de Omayra.
10) Enviar a través del master el percance de Omayra hasta un poderoso transmisor capaz de fulminar pájaros cercanos.
11) Transmitir desde la parábola gigante de una estación terrena en Colombia, hasta el satélite adecuado a centenares de kilómetros en el espacio. Puede aseverarse que la parábola gigante y el satélite cambiaron en los años sesenta la historia de las comunicaciones humanas. Por eso, la muerte de Omayra se convirtió en un hecho inmediato, íntimo (todos estuvimos allí), capaz de agobiar el rostro de un zapatero en Milán o de provocar una honda reflexión sobre los contrastes del sub desarrollo a una señora que preparaba el desayuno familiar en Estocolmo.
12) Recibir en nuestras casas este singular acontecimiento a través de una señal captado en una parábola de Estados Unidos y redistribuida al resto del mundo, incluída la estación terrena de Camatagua y el transmisor de CANTV en la Avenida Libertador.
Como se verá, todo funcionó a las mil maravillas. La televisión colombiana cumplió admirablemente un deber de informar y conmover. Un promedio de 1,600 aparatos de las más complicadas tecnologías desempeñaron con habitual precisión, las funciones previstas. El deslumbrante proceso no tuvo ninguna falla.
Pero, al parecer, no había en Colombia, una maldita y miserable bomba de agua, capaz de funcionar y salvar la vida de una bella adolescente llamada Omayra.
En (1): Revista COMUNICACIÓN, Nro 54, Caracas, 1986
En (2): Papeles del II Foro Internacional de Comunicación Social "Comunicación y Violencia", Universidad de Lima, 14-18 setiembre de 1987
No pienso poner fotos. El video es para los valientes.
