miércoles, 3 de marzo de 2010

-Sin título-

Siento un hormigueo en los labios, un fastidio en la garganta, un calor y una tristeza ineludibles.

No sé como empezar a describirlo. Me parece que antes lo he sentido, pero completamente distinto.

Veo anuncios concretos, palabras explícitas, mucho mejores que la última vez y sumamente similares. Y entonces sonrió, porque estaba en lo cierto cuando adiviné muchas cosas.

Quiero un testimonio como este, que me reafirme que cuando tú apareciste me recordaste una gran vida a la que renuncié. Me arrancaste risas como nunca antes, y sobreviví a lo peor (creo) gracias a eso. Gracias por existir en el momento justo, por aparecer sin previo aviso y contra todo pronóstico sacarme del ensueño.

Ya iba a empacar toda la caja y a quemarla... una vida de recuerdos por una insignificancia, por un mal sabor, por palabras que ahora no tienen sentido, pero tras las cuales nada volvio a ser lo mismo.

Lo que siento ahora es un hormigueo en los labios, es un fastidio en la garganta, un calor y una tristeza ineludibles.

En profunda negación, he fruncido tanto los labios que ya poco los siento.

Se ató un nudo en la garganta, ha aparecido de pronto con el último gran suspiro que me permitiré mientras tanto.

Siento un calor tremendo, fruto de algunas lágrimas que tengo aguantadas, que guardaré para un par de rezos más tarde. Y mis ojos ya comenzarán a cerrarse imaginando mejores oportunidades.

Tengo una tristeza que durará mientras te ausentes, y hasta entonces...

Te voy a extrañar, y punto. No importa si lo sabes. No saborizaré eso.