jueves, 5 de febrero de 2009

Sueños bizarros (I)

Saliste de mi cabeza una tarde que peleaba con el álgebra.
Mi cuarto tenía otro orden. Solía sentarme en mi cama a estudiar.
Me lancé a soñar despierta un par de minutos, a descansar.



Estaban los muebles rojos, los que acababamos de comprar en mi casa.
Estaba la pared amarilla, cuando en ese tiempo aún la teníamos blanca.
Estaba la paz, la quietud.
Estaba mi traje azul. Estabas tú.


Estabas sentado y esperando a que terminara de hablar por teléfono.
Tenías puesto un traje. Me desconcerté.


No podía salir, por más que tratara.
No podía darle continuidad a las escenas.
Todo se presentaba como retazos de una vida que no conocí.


Leías un periódico en mi sala, por razones que desconozco.
Yo andaba feliz por el pasillo y te di un beso en la cabeza.
Volteaste, adorable, con una sonrisa sorprendida.
Te ganaste un beso más.


Se abrió la puerta y yo entraba con una bolsa de mercado.
Casi atropellándome, habían dos figuras pequeñas que entraron tras de mi.
Entré con dos niños a quienes no reconocí en ese momento, sino años después.


Jamás imaginé que algún día me toparía contigo.


Pero, y que tal si ese no eres tú.


Todo lo que sé es que mi sonrisa se sentía la misma,
que los colores eran similares,
que me quedé mirando pasmada la figura quieta y seria en medio de un salón oscuro,
que de pronto se hizo silencio en mi cabeza,
que entrecerré los ojos, incrédula
y que si hubiera podido, me hubiera parado a voltearte la cara,
feliz ante la posibilidad de reconocer en esa persona a un hombre que vi fugazmente en un sueño, que por alguna razón asocio a las sonrisas, hace ya demasiado tiempo.


Y si ese no eres tú... Creo que nunca lo sabré.


Yo solo sé que te vi un día hace mucho tiempo, imaginando cosas,
y que ese día comencé a armar una cajita azul de recuerdos.


Desde ese día, sonreí con otra sonrisa.